lunes, 13 de marzo de 2017

1 mes sin Facebook


Desde que abrí mi Facebook, allá, en el año 2009 (sí, solo para jugar al Pet Society, lo admito), nunca pensé que lo cerraría. Hasta hace un mes atrás.

Lamentablemente, Facebook y otras redes sociales solo sirven para alimentar el ego de las personas, y tardé bastante en darme cuenta. ¿A quién queremos impresionar?, ¿buscamos sentirnos superiores a otras personas solo por tener un número mayor de "amigos" y de personas a las que "les gusta" lo que hacemos? No me malinterpreten, que todavía sigo usando Instagram y Whatsapp, pero un paso a la vez. 

Antes de emprender este viaje de "no Facebook", tenía muchos interrogantes. ¿Cómo voy a hacer cuando tenga que hablar con algún conocido?, ¿cómo voy a hacer para enterarme cuando no tenga clases en el instituto?, ¿cómo voy a hacer para estar al tanto de la vida de todo el mundo y de los eventos que me interesan? Y la realidad es que, mientras más tiempo paso sin usar esta red social, más cuenta me doy de que la vida sigue igual. Sigo viéndome y hablando con la gente que me quiere. Sigo estudiando. Sigo trabajando. En ningún momento me siento privada de nada. Salvo de los memes... realmente extraño los memes. En este mes sin Facebook, me di cuenta de que la gente que te quiere, te busca. De que no necesito estar pendiente de la vida de los demás. De que una hora sin Facebook equivale a 50 páginas leídas de ese libro al que le tenía ganas hace mucho tiempo; a una hora abrazada a la persona quiero; a una hora de tocar guitarra; en definitiva, equivale a evitar pensar en lo que los otros hacen y a centrarme en mí misma. Dejar Facebook me ayudó, poco a poco, a preocuparme más por mejorar mi calidad de vida y a estar menos pendiente de cómo los demás viven las suyas.

Me gustaría lograr que muchas más personas sigan mis pasos. Sé que al principio puede asustar. Puede parecer que es imposible sobrevivir sin esta red, pero te aseguro que, si yo lo hice, los demás también pueden. El problema está en saber por qué nos cuesta tanto "alejarnos del mundo". Y Sygmunt Bauman lo anticipó hace años. A continuación te voy a dejar unas ideas para que reflexiones sobre el verdadero uso que le das a esta red social.

"Chateamos y tenemos 'compinches' con quienes chatear. Los compinches, como bien lo sabe cualquier adicto, van y vienen, aparecen y desaparecen, pero siempre hay alguno en línea para ahogar el silencio con 'mensajes'. En la relación de 'compinches', el ir y venir de los mensajes, la circulación de mensajes, es el mensaje, sin que importe el contenido. Tenemos pertenencia al constante flujo de palabras y oraciones inconclusas (abreviadas, por cierto, truncadas para acelerar la circulación). Pertenecemos al habla, no a aquello de lo cual se habla" (Bauman, Amor líquido).

¿Cuántas veces nos encontramos a la madrugada contándoles nuestros secretos más profundos a personas que nunca pincharon ni cortaron en nuestras vidas? Puedo asegurar que varias. ¿Cuántas veces usamos Facebook para estudiar, mirar videos informativos, o trabajar? Puedo asegurarte que muchas menos —y no, entrar para preguntar qué tarea había para la escuela y quedarte hablando hasta las cinco de la mañana sobre lo que hizo o no hizo tal persona, no cuenta. Si lo que realmente buscamos es desahogarnos, deberíamos entender que las redes sociales lo único que hacen es alimentarse de tus sentimientos más profundos.

Estoy segura de que mucha gente va a leer esto y va a pensar que lo que digo no tiene argumentos. Y quizás tengan razón. Quizás en unos meses vuelva a abrir mi perfil de esa red social y encuentre un modo más operativo de utilizarla, que no me haga perder tiempo. Pero por ahora sigo tranquila, estudiando, trabajando, queriendo a los que me quieren. Mañana será otro día.

2 comentarios:

  1. Cuánta realidad!! Y la pregunta es contactos o amistad? No son sinónimos aunque algunos sí lo crean. Hasta la próxima entrada.

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  2. Debo felicitarla, Vicky Rock. En esta época lo suyo es un acto de valentía. Creo que tiene razón en todo lo que dice, porque las redes sociales parecen una herramienta de comunicación pero son más una pérdida de tiempo que otra cosa, y estamos acostumbrados a depender de ellas. Por eso creo que lo que usted hizo es lo mejor, y a la vez es lo más dificil. Yo también voy a eliminar el Facebook en un futuro, pero ahora lo necesito para la facultad, porque con mis compañeros y profesores lo usamos para trabajar en clase mandándonos archivos y esas cosas. Sin embargo le cuento que en mi tiempo libre estoy usando mucho menos Facebook (casi nada) y me siento más libre de algún modo. Fíjese que recién ahora leo esta entrada del blog, justamente porque me enteraba de sus publicaciones a través de Facebook. Ojalá todos siguieran sus pasos. El Facebook parece una herramienta imprescindible en la vida, pero no lo es, ya que en mi época no había ni siquiera WhatsApp y aún así nos comunicábamos. Por eso admiro su valentía y algún día, estoy seguro, se van a extinguir las redes sociales, y Mark Zuckerberg se va a cagar de hambre.

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